Un árbol me ha alegrado el día

Llevaba cuatro largos años buscándolo, y ayer se produjo el feliz encuentro.

Ya finalizando una larga excursión sobre el Calar del Mundo -precisamente uno de los lugares de paso del “Camino de las Ardillas”- recibo una llamada telefónica. Al otro lado de la línea, mi madre preguntando la receta de un postre tradicional serrano. Hago un alto en el camino para poder mantener una conversación sin jadear por el esfuerzo de un paso rápido.

Al colgar, mi mirada se clava en un suelo cubierto de hojarasca. “No puede ser”, digo a mis adentros. Pero sí, allí estaba la tan ansiada hoja lobulada de una quercínea. “¡¡¡MELOJO!!!”, exclamo a grito pelao. Bendita casualidad, haberme parado precisamente allí: entre cientos y cientos de hojas de quejigo, una solitaria hoja del tan ansiado Quercus pyrenaica.

Hoja de melojo (Q. pyrenaica)

Se trata de una especie extremadamente rara en esta parte de la Península Ibérica. Relativamente dominante en tiempos glaciares, tuvo que ascender a las umbrías de las sierras más altas y con mayor pluviometría para sobrevivir. En términos botánicos, una especie relíctica (una “reliquia vegetal” de otra época).

Precisamente las sierras de Segura, Alcaraz y Cazorla son refugio de gran cantidad de estas especies, que conformaban el paisaje peninsular hace más de 10.000 años. Con su orientación norte-sur, suponen una barrera casi infranqueable para las borrascas atlánticas, que descargan aquí toda su humedad para después desecar las tierras de Murcia y Almería –un fenómeno conocido como Efecto Foehn-.

Sin embargo, el roble melojo (o “rebollo”) tiene aquí un carácter doblemente relíctico: mientras que la geología de estas sierras es dominantemente caliza, los melojos prefieren un sustrato silíceo –o, al menos, descarbonatado-. Por lo tanto, sólo puede prosperar en unos pocos emplazamientos, donde casualmente hay algún afloramiento de cuarcitas o donde la abundancia del agua ha eliminado todo rastro de calcio del suelo.

He titulado esta entrada “un árbol me ha alegrado el día”, porque prefiero quedarme con la parte positiva. Sin embargo, no puedo evitar decir que también me ha entristecido.

Tras hallar la tan ansiada hoja, empecé a buscar el árbol del que procedía. Todo aquello eran quejigos (Q. faginea), también relicto pero relativamente abundante por tolerar la cal y ser algo menos exigente en clima. Pero al mirar montaña arriba divisé un árbol de un color intensamente amarillo.

Aunque inicialmente pensaba que sería un arce (Acer granatense), al acercarme se me hinchó el corazón de alegría: majestuoso y brillante como el oro, sus hojas lobuladas reflejaban la luz de un sol a punto de esconderse y salpicaban el suelo de humilde alimento para todo tipo de insectos.

Creyendo encontrarme ante un yacimiento de incalculable valor, continué escrutando el paisaje a la búsqueda y captura de destellos dorados. Nada. Absolutamente nada más que pinos, encinas y quejigos. Y aquel solitario melojo, resistente vestigio de una época más benigna.

Al volver a casa, me informan de que aquél paraje es conocido popularmente como “el melojar”. Quedo atónito al escuchar la noticia. Resulta que de una zona donde históricamente abundaban tales árboles, hasta el punto de tomar su nombre de ellos, sólo queda un individuo. ¡Un único individuo!

La recuperación de esta población es ya inviable. La estirpe se ha perdido, y sólo cabe su sustitución por otra de alguna población cercana –pero con características genéticas algo distintas, que puede no adaptarse al lugar-.

Único ejemplar de melojo hallado en "el melojar"

El retroceso del melojo ha sido intenso desde la conquista cristiana de estos territorios. Tras largos siglos de condición fronteriza, el despoblamiento humano impulsó una economía ganadera bastante agresiva con el monte. Los siglos XV y XVI fueron especialmente nocivos al respecto, puesto que la recuperación demográfica incrementó las presiones y la demanda de carbón vegetal para calefacción y herrería se disparó.

Este primer proceso de degradación es bastante conocido y recurrente en la historia: los aprovechamientos madereros difícilmente pueden sostenerse sobreexplotando el monte –por lo que tienden a un uso sostenible-, pero al abrir camino permiten la entrada masiva de ganado que acaba aniquilando las posibilidades de regeneración natural tras la tala.

Ya en tiempos más recientes, la amenaza vino de una política productivista que potenció las plantaciones de pino resinero (Pinus pinaster). Resulta que este tipo de pino tampoco es especialmente tolerante a los suelos calizos, por lo que los afloramientos silíceos en los que medraba el melojo resultaban particularmente atractivos.

Pero hay otro fenómeno en marcha infinitamente más preocupante que los dos anteriores –que respetaban los lugares poco accesibles-: el cambio climático.

Con la subida de las temperaturas, la tendencia natural de los seres vivos es migrar hacia latitudes superiores o, si esto es imposible, escalar altitudinalmente. Unos cien metros para las previsiones más optimistas, y doscientos para las más pesimistas. Pero aquí ya no hay posibilidad de ascender más, al menos si se pretende mantener un suelo rico, profundo y húmedo. Tampoco las previsiones de pluviometría son halagüeñas.

Fuente: Atlas de idoneidad topoclimática de leñosas (UAB)

En este sentido, el Departamento de Biología y Ecología de la Universitat Autònoma de Barcelona ha publicado una herramienta denominada Atlas de Idoneidad Topo-climática de Leñosas, que incluye no sólo la idoneidad climática actual para cada especie, sino también la futura -gracias a los modelos climáticos desarrollados por el IPCC-. Con ella podemos ver el destino inevitable del melojo segureño, si no luchamos decididamente contra el cambio climático desde YA.

Estos días se está celebrando en Durban (Rep. Sudafricana) una cumbre mundial para salvar el clima. Un árbol, a priori tan insignificante como el melojo de la Sierra de Segura, es también un símbolo del futuro que está en juego.
Consulta la vulnerabilidad frente al cambio climático de otras especies aquí.

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Stefan Nolte

Acerca de Stefan Nolte

Miembro de la empresa MNSS, forma parte del Comité Científico-Técnico de la Fundación + árboles para "El Camino de las Ardillas".
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7 respuestas a Un árbol me ha alegrado el día

  1. El hombre que plantaba árboles dijo:

    Por lo que tengo entendido, en la Sierra de Segura hay una población excepcionalmente bien conservada en los barrancos de Río Madera (cerca de Los Anchos, donde José Laso tiene su magnífico museo etnológico). A ver si conseguimos recuperar el esplendor pasado de este árbol tan interesante, ya que cuantos más tengamos plantados, mayores posibilidades de que alguna población resista al cambio climático que se nos viene encima. Y animaros también a conservar alguna bellotita en el banco de semillas, aunque mantener la capacidad germinativa de una bellota es algo complicado.

  2. aurelio dijo:

    Hola Stefan, buena redacción has realizado, sobre el hallazgo de este ejemplar del Roble Melojo. Te diré que existe en el Calar del Mundo un lugar mágico, de lo bonito que es, y se llama las Dolinas del Melojar, y allí existen unos cientos de Melojos, es una maravilla de excursión, e impresiona de estar allí, yo cada dos años suelo ir con amigos o familia a visitar el lugar, para coger aliento y energía hasta que vuelva otra vez.
    Hace unos 3 o 4 años hicimos una excursión familiar y se anexionarón Maria Candil y su hija María, vamos la familia de nuestro protagonista Juan Valero el andarín ardillero, preguntale a Mari como llegar allí, no es complicado y ya sabes la próxima salida ve a ese lugar mágico, me gustaría acompañarte, a ver si podemos realizar la salida juntos, nos hablamos, y si alguien que pueda leerlo, esta invitado a esta fantasticas excursión.
    saludos

  3. Mario Carrasco dijo:

    El Quercus pyrenaica es uno de los robles de la Iberia silícea que mayor producción de bellotas tiene por tanto mayor aporte de alimento a para la fauna en la otoñada.
    Su porte es un tanto informal, en las masas mejor conservadas conforma un espectáculo digno de observar y deleitarse en el y observar la fauna que acoge bajo sus ramas, recuerdo una de estas masas en el valle de Torneros uno de los mejores conservados que he visto.
    Es una especie que se debe de potenciar y conservar pues ha sido diezmada por no ser para los lugareños una especie maderable convencional como podría ser el Carballo.
    Os animo a seguir adelante con vuestra iniciativa y os puedo decir que mucha gente que me conoce y sabe que colaboro con vosotros ve un rayo de esperanza en esta iniciativa, adelante.

  4. Peace warrier dijo:

    Un artículo muy bueno. He disfrutado leyéndolo. Un abrazo

  5. Chris Nolte dijo:

    ¡Que fantástico hallazgo! ¡Que maravillosa casualidad!

    Las «delicias», por cierto, salieron bastante buenas, ¡gracias por la receta!

  6. Stefan Nolte Stefan Nolte dijo:

    No vi rastro de bellotas… aunque supongo que se las habran comido los gorrinos que abundaban por allí (me topé con uno a plena luz del día, tomando un baño en una pequeña fuente/lodazal). De todas formas, como base genética es muy pobre un único individuo. Habrá que buscar otros melojares en la zona… he oido hablar de uno en el Valle del Tus, y por la parte jienense de nuestra querida Sierra de Segura también tiene que haber unos cuantos.

  7. Juan Valero juan dijo:

    ¡Enhorabuena! y gracias por tu hallazgo Stefan. De este ejemplar hemos de buscar (jeje: buscar: ir al bosque a por cosas) bellotas y hacer un plantel lo antes posible.
    Seguimos

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