Por fin, el Anboto

Es un domingo soleado, con decenas de caminantes en esta ruta.  Voy acompañado, afortunadamente, por el amigo Joseba, que se ha dejado la fiesta grande de su Bilbao para subir aquí con nosotros, y por Andrés que, sin gafas “de ver”, nos precisa con rigor las diferentes aves que se cruzan o nos adelantan.

Hemos visto, una vez más, la práctica totalidad de esta tierra noble y majestuosa que se llama Euskadi. Se distinguen sin esfuerzo las ciudades de Bilbao y Vitoria, con sólo girar la mirada al norte o al sur. No así Donosti, ya que desde este ángulo se anteponen los picos Erlo y Andatza. Pero esto se arreglará con un espejo cóncavo, del tipo de los que se ponen en los cruces con poca visibilidad, eso al menos comentaban, en broma, unos compañeros de subida, cuando estábamos ya en el mismo balcón del Anboto, encima de la Cueva de Mari.

Esta mañana he comprendido y agradecido, más aún, los consejos de que no ascendiera solo a esta montaña y, mucho menos, con niebla. Es, en algunos tramos, una pequeña escalada a manos libres con desniveles notables sobre cuestas despejadas y abruptas, y millares de peñas pulidas que, estando húmedas, hacen resbalar como pastillas de jabón.

He visto por primera vez en mi vida a un correcrestas. De hecho, a este paseo tan peculiar le llaman “crestear”,  me ha comentado Javi, de Sestao, un amigo que hemos hecho en el aparcamiento.  Es un señor con una forma física envidiable, que va sin apoyos, corriendo. Sí, corriendo por la misma vertical que separa las vertientes, a una velocidad increíble para el riesgo que supondría un mal paso. Tanto me ha sorprendido que no he reaccionado a preguntarle cosa alguna. Sólo he dicho: “¡Suerte!”.

Tras comer unas verduras y chipirones deliciosos en el restaurante de Txema y Eli, en el Puerto de Urkiola, y despedirme de Ventura, Andrés y Joseba, me he dirigido a estas nuevas etapas en la zona de Orduña. Seguro que para descubrir otros parajes notables. Ya me han hablado de cascadas, valles…

Por cierto, ratifico que la fuente Pol-Pol nace orientada al Cantábrico, a una altura ligeramente superior a la del collado que parte las aguas aquí. Aunque la naturaleza decidió formar un barranco, que le impide que esa dirección se mantenga, girando a su izquierda camino del arroyo Azunza, hacia el Ebro, por el río Olaeta.

Juan

 

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Juan Valero

Acerca de Juan Valero

Fundador y administrador de MNSS. Vicepresidente segundo de la Fundación + árboles. Primer caminante de El Camino de las Ardillas.
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2 respuestas a Por fin, el Anboto

  1. Aniceto Pedrés dijo:

    maravilloso escrito y hermosas imágenes. Suerte

  2. Joseba Ruiz Golvano dijo:

    Hola Juan: fue una ascensión apasionante, un día perfecto, claro y luminoso, pero sin ese calor agobiante típico del verano. Como comentas las vistas son espectaculares y me alegro de haber compartido fatigas contigo y Andrés. Bueno espero tener la oportunidad de realizar juntos alguna otra jornada de «el Camino de las Ardillas» más adelante.
    Un abrazo

    Joseba Ruiz

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